De Juana Chaos y el agravio comparativo

¿Qué es lo que nos iguala a todos? La muerte y los impuestos, death and taxes que dirían los angloparlantes, y, en cierto modo, estas dos realidades ineludibles son, una seguro y otra no tanto, un buen denominador común para todos los seres humanos de este planeta. Sin embargo, hay algo por encima de todo ello que también debería hacernos iguales, la justicia. Los antropólogos dividen nuestras acciones en actos humanos y actos del hombre, los primeros son aquellos que no podemos evitar, como un bostezo si estamos cansados o un parpadeo, los segundos, en cambio, están sujetos a nuestra voluntad. En materia de justicia, también podemos emplear este esquema: la justicia humana se definiría, entonces, como aquel impulso que todos sentimos al conocer un atropello y que nos hace arder de rabia y la justicia del hombre sería el código bajo el que todos aceptamos vivir y que permite el desarrollo de una sociedad. El caso de De Juana Chaos representa, pues, a la justicia del hombre aunque es uno de esos casos de justicia arbitraria que serviría más para explicar la justicia humana. Si su puesta en libertad no responde a un capricho gubernamental motivado por las desconocidas circunstancias que envuelven al partido socialista como una mortaja al finado... ¿cómo se explica que el etarra sea el único preso en toda la geografía española (y probablemente mundial) que goza de tal magnánima sentencia?
Expongamos el caso de Manuel Juan Lafuente Martínez, condenado por sentencia firme a 6 años de prisión en grado de conspiración por un delito contra la salud pública por la sala de lo penal del Tribunal Supremo en sentencia 919/2004, de fecha 12 de julio del 2004. Este hombre, español, casado y con hijos, que cumple su primera condena desde  el 9 de mayo de 2002, que ha demostrado buen comportamiento durante los 5 años que lleva entre rejas y que ha trabajado en toda clase de destinos para contribuir a su excarcelación, no ha disfrutado de ningún permiso de salida ni se le ha dado el tercer grado penitenciario a pesar de contar con oferta de trabajo desde el principio. Tampoco se le ha concedido en ningún momento la libertad condicional pese a que contaba con todos los requisitos para ello. El señor Lafuente, por tanto, es uno más de tantos presos que no tienen más alternativa que cumplir toda su condena. Sin embargo, De Juana Chaos, tras huelga de hambre voluntaria y alguna que otra portada en prensa, se sentará a estas horas en su casa a comer, también de modo voluntario suponemos, un buen chuletón de vaca de "sus" verdes praderas vascas. Leyendo esto parece que a la justicia se le ha caído la famosa venda de los ojos y a uno mira con agrado mientras que gira la cabeza para otro lado cuando no le conviene. ¿Es esto justicia? ¿Es igual para todos? Parece que no. Y eso significa que uno de los pilares básicos de la sociedad acaba de tambalearse con lo que ello conlleva. ¿Qué pensará el señor Lafuente desde su celda al leer la prensa y ver ese agravio comparativo? Yo se lo diré porque es una reacción muy humana, de esas que todo hombre siente independientemente de su edad, condición o época... "La huelga de hambre es la solución a mis problemas. Ni recursos de amparo ni trabajar ni estudiar una carrera me va a ayudar más que una huelga de hambre". Y como el señor Lafuente, muchos otros, presos por toda clase de delitos, pensarán lo mismo ya que si a un asesino confeso, un cruel tipejo que celebra las muertes de ciudadanos inocentes con tarta y champán francés, que tiene 25 cadáveres, 25 miradas que esperemos le persigan cada noche en sus pesadillas (si es que las tiene), logra evadir el cerco con esa medida de presión, por qué no van a conseguir la libertad todos los demás... ¿Acaso es que la justicia no es igual para todos? Si alguna vez lo fue, ha dejado de serlo gracias a un gobierno despreocupado, a un gobierno débil que ha antepuesto su codicia al bienestar de la sociedad. No nos olvidemos que los miembros del gobierno son funcionarios, que trabajan para nosotros y no para su propio beneficio. Lo que debería hacer un gobierno es preocuparse porque un asesino como De Juana Chaos no saliera de la cárcel y pusiera, de nuevo, en peligro la vida de sus ciudadanos. Eso es para lo que les pagamos y no para perpetuarse en el poder pisando más de 25 tumbas, a pesar de los llantos de las familias destrozadas y de una sociedad herida de muerte. Como dijo Churchill "Victoria a cualquier precio..." Jamás pensé que no estaría de acuerdo con él...
Esta sentencia por "causas humanitarias" ha creado ya un precedente y el gobierno tendrá que explicar ahora por qué a todos los que se declaren en huelga de hambre se les niega la excarcelación. Si todos alcanzan ese lamentable estado en el que De Juana Chaos sólo podía languidecer y retozar con su novia ¿estará la "humanidad" del señor Rubalcaba igualmente pendiente de ellos o dependerá del resultado de las elecciones? Tal vez con cuatro años más en el poder su humanidad se eche a dormir extenuada por tanto esfuerzo. Del brazo ejecutor del gobierno GAL uno puede esperarse cualquier cosa.
Han corrido ríos de sangre y de tinta en este país por culpa del terrorismo pero siempre se le ha combatido desde la legalidad y, lamentablemente, la ilegalidad  en algunos períodos negros del gobierno socialista. Lo que acaba de rubricar Zapatero es la rendición incondicional y, tras casi 30 años de democracia, tras más de 1000 muertos, la claudicación del estado de derecho no es una opción. Si todos los españoles estuvieron de acuerdo, en la transición, en conceder la amnistía total a los etarras y ellos, de forma contumaz, han querido continuar por la senda de la violencia sembrando nuestras tierras de muertos, no se les puede dar la razón ahora. De otro modo, lo hubieran hecho los dirigentes de nuestro país 30 años atrás y nos hubiéramos ahorrado todo el terror y el sufrimiento que esta caterva de hienas carroñeras ha causado. Como dice nuestro sabio refranero "Para ese viaje no hacían falta alforjas". La única lectura positiva es la que el señor Lafuente puede extraer de todo esto, el chantaje funciona con el gobierno socialista. Yo si fuera él empezaba a prescindir del postre en las comidas...

 

 

 

Karen Parra.
Abogado.

 

 

 

 

 


 

 

 

 

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